En lugar de caer, como esperaba, me vi a mi misma suspendida en el aire, con algo tirándome del brazo. Miré hacia arriba y vi a Mike con cara de resignación, sujetándome un brazo con una mano y con la otra pidiéndome que guardara silencio. Decidí hacerle caso y me dediqué a observar como, con un solo brazo, fue capaz de trepar hasta el octavo piso conmigo a cuestas. Una vez saltamos a esa terraza, me dijo:
- Mientras no hagas ruido, estaremos a salvo.
Y fue, en ese momento, en el que algo me pudo. Un interruptor en mi cabeza simplemente se movió y comencé a descargar toda la ira y confusión que había acumulado la última hora. En ese momento, yo me decía 'debo hacerle caso a Mike, hay gente con pistolas' pero simplemente no pude. Sus ancestros muy seguramente se revolvieron en su tumba. Mientras yo gritaba y lanzaba improperios, Mike me hacía señas desesperado por que me callase. Mientras yo gritaba e insultaba en mi ataque repentino de indignación y rabia, se podían escuchar cómo los que habían irrumpido en mi piso subían las escaleras.
- Vale vale, necesito que me escuches y me digas si me vas a hacer caso.- dijo Mike.
Barajé mis posibilidades. Podría salir por la puerta, pero seguramente me dispararían los de las pistolas. Podría tratar de saltar al otro edificio, aunque seguramente no lo consiguiese. Había una separación de unos 6 metros, y aplastada no era una buena forma de morir. La única opción que me quedaba era hacerle caso. Asentí levemente, mientras intentaba mitigar el ataque de rabia.
- Okay pues necesito que te quedes un momento ahí y no te asustes.-dijo, y después añadió casi para sí mismo- A ver si me acuerdo cómo era.
Entonces Mike sacó de su gabardina un enorme cuchillo ritual y comenzó a grabar una serie de runas en la pared. Cuando terminó, grabado se encontraba un círculo coronado por una serie de símbolos que me eran ligeramente familiares. Fue entonces cuando, agarrándome por la parte de atrás del cuello de la camisa me dijo:
-Mejor cierra los ojos.
Y entonces me estampó contra el muro. Solo que en lugar de dolor, lo que me encontré fue la sensación de estar en caída libre. No pasó más de una décima de segundo desde que abrí los ojos hasta que caí en el estanque.
Pero de estanque tenía poco, era más un lodazal. Por lo que, cuando miré hacia arriba y vi a Mike tranquilamente en el puente y para nada cubierto de barro, comencé otra vez con mi ritual de acordarme de sus ancestros y él mismo.
Él ignorándome, terminó de cruzar el puente dirigiéndose a un dojo que había justo en frente. Salí del lodo y le alcancé:
-¿Dónde estamos?
- Es una parte del parque Shinjuku que se encuentra abandonada. Aquí se erigía un templo que se abandonó hará cosa de 50 años Vivo aquí desde hace unos meses y tengo un dojo donde la gente viene y va.
-Comprendo.
Llegamos a las puertas del dojo y me invitó a pasar. Era un estancia rectangular y bastante amplia. Me señaló con el dedo un pequeño pasillo a la izquierda.
- Las duchas están allí. Creo que preparé algo de agua caliente antes pero no sé si se habrá enfriado. Tengo que irme pero volveré dentro de un rato.- se dio la vuelta hacia la salida pero antes de cruzar el umbral se volvió- ¡Ah! una cosa más. Bajo ningún concepto debes tocar el coche.
Asentí un poco extrañada y lo vi dirigiéndose hacia el puente. Decidí ducharme en ese momento (era bastante urgente). Al entrara al baño descubrí que no tenía ningún tipo de grifo, si no que había una gran palangana de agua tibia con un pequeño cazo. Aún así, procedí a ducharme para quitarme todo el barro de encima. La ropa que llevaba también estaba insevible, por lo que la lavé como pude y lo dejé para que se secase. Encontré por allí algunos Karategis, así que decidí ponerme uno mientras la ropa se secaba.
Salí del dojo y comencé a inverstigar los alrededores. Por lo que pude comprobar, estábamos en lo alto de un monte en lo que, efectivamente, era el parque Shinjuku. Un remanso de paz en medio del ajetreo de la ciudad. Dándole la vuelta al dojo pude ver una escalera enorme, seguramente la escalera de penitencia del templo que debía de haber cerca. También pude localizar un pequeño huerto que había sido construido hace relativamente poco. 'Supongo que de aquí saca la comida' pensé. Por lo que había podido comprobar no había ni agua corriente ni electricidad, así que si tenía que permanecer allí iba a estar aislada un buen tiempo. Era una pena ver el parque así, tan descuidado y enterrado en la maleza. Apunté en mi bloc de notas, que gracias a dios no le había pasado nada, que debía hacer algo por arreglar este rincón del parque. Seguí investigando hasta que escuché que alguien volvía andando por las escaleras.
Medio oculta tras una esquina, me asomé y vi aparecer por los últimos escalones a Mike y a otra persona. Era un chico, de mi edad, el más guapo que había visto nunca. No era japonés eso seguro, tenía unos rasgos muy afilados y unos enormes ojos esmeralda que parecían brillar. Iba vestido formal, como si acabase de salir del trabajo.
Mike y él estaban hablando y se dirigían al dojo así que los seguí. No notaron mi presencia cuando me quedé en el quicio de la puerta mientras ellos hablaban en el quicio de la puerta. Estaban sentados a ambos lados de la mesita de té que había en la improvisada cocina, al lado del huerto:
-... es por eso que puedes hacer este tipo de cosas, porque la realidad para nosotros es un papel en blanco. Nos hacemos llamar los despertados, y los que no tienen poderes los llamamos los durmientes.-dijo Mike- Sois especiales y tengo la tarea de encargarme de algunos de vosotros.
'El chico se llama Marcus, es un nombre bonito' anoté mentalmente.
- ¿Hay alguien más como yo?- preguntó el chico.
- ¿Despertados? Si hay bastantes más, pero vosotros en concreto estáis en peligro por algo más. Originalmente erais 6, pero 3 de vosotros han muerto ya. Solo me queda recoger a alguien más hoy. Debería hacer las presentaciones Gor- dijo señalándome- Marcus, Marcus, Gor- dijo señalándole esta vez a él.
A modo de saludo levanté un poco la palma y él hizo una ligera reverencia. Era una situación realmente incómoda, así que me decidí a salir de allí.
- Bueno, yo voy a...- comencé a decir antes de que Mike me interrumpiese.
- ¿Por qué no te sientas y os sirvo algo de té?
'Mierda' pienso mientras me acerco torpemente a la mesa de té y me siento en cuclillas.
-Bueno- comenzó Mike- que pensáis hacer ahora? Si volvéis a casa, vendrán a por vosotros- hizo una pausa y su expresión se tornó más grave- y no voy a volver a salvaros otra vez.
-Bueno...- comencé- tengo que pagar el alquiler, y seguir trabajando. Continuar con el blog.
-Yo tengo que seguir trabajando en la consulta- dijo Marcus.
-Podemos hacer una cosa si os parece bien. Podéis vivir aquí por un tiempo, siempre y cuando arregléis esta parte del parque. Será duro, pero si volvéis corréis el peligro de que os encuentren otra vez. No tenéis que trabajar ni que pagar alquiler.
-Bueno pero yo necesito un ordenador- dije decidida.
-Hay un cybercafé justo a las afueras del parque, puedes utilizar esos ordenadores.- añadió Mike- Tengo algo que hacer ahora, en cuanto vuelva os enseño vuestras habitaciones y todo lo que debéis de arreglar.
Mike se disponía a salir cuando le pregunté.
-¿Puede ayudarnos gente con la reconstrucción del parque?
-Eeeeeh no veo por qué no.
Tras eso, simplemente se dio la vuelta y se fue. Con cierta determinación, me levanté y salí por la puerta, no sin antes despedirme con un leve gesto de Marcus, que me lo devolvió de igual forma. Con el Karategui todavía puesto, comencé a bajar escalones. Los escalones eran de unos dos metros de largo y medio metro de altos, por lo que iba a tardar un buen rato en bajarlos, y aun más rato en subirlos. Cuando llegué al cybercafé, estaba prácticamente vacío. 'Perfecto' pensé. Me agobiaba muchísimo el volumen de gente que solía haber en estos sitios, me gustaba trabajar más en casa, donde además podía disfrutar de mis patatas y mis bebidas tranquilamente, y sin gente mirándome. Me senté en uno de los ordenadores, me crují los nudillos y me dispuse a movilizar todo mi público cybernético para ayudar en el parque.
-Bueno pero yo necesito un ordenador- dije decidida.
-Hay un cybercafé justo a las afueras del parque, puedes utilizar esos ordenadores.- añadió Mike- Tengo algo que hacer ahora, en cuanto vuelva os enseño vuestras habitaciones y todo lo que debéis de arreglar.
Mike se disponía a salir cuando le pregunté.
-¿Puede ayudarnos gente con la reconstrucción del parque?
-Eeeeeh no veo por qué no.
Tras eso, simplemente se dio la vuelta y se fue. Con cierta determinación, me levanté y salí por la puerta, no sin antes despedirme con un leve gesto de Marcus, que me lo devolvió de igual forma. Con el Karategui todavía puesto, comencé a bajar escalones. Los escalones eran de unos dos metros de largo y medio metro de altos, por lo que iba a tardar un buen rato en bajarlos, y aun más rato en subirlos. Cuando llegué al cybercafé, estaba prácticamente vacío. 'Perfecto' pensé. Me agobiaba muchísimo el volumen de gente que solía haber en estos sitios, me gustaba trabajar más en casa, donde además podía disfrutar de mis patatas y mis bebidas tranquilamente, y sin gente mirándome. Me senté en uno de los ordenadores, me crují los nudillos y me dispuse a movilizar todo mi público cybernético para ayudar en el parque.
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